
Hoy nos ha pasado algo increible. A mí no me gusta dar el pecho en público, empezando por ahí. Soy un mar de complejos, y aunque el ser madre te quite un gran peso de encima, sigo sin ser capaz de dar el pecho a mi hija en cualquier lugar. En algún bar en agazapadas piel con piel en una esquina, o en un baño, si, pero nunca fuí capaz de sacar la teta en mitad de la calle.
Pero hoy, por un cúmulo de circunstancias, tuve que hacerlo, mi hija tenía hambre y eso supera cualquier tipo de complejo, así que estando esperando al autobús, allí desenfundé y le di a mi princesa lo que tanto ansíaba.
De repente se nos acercó una chica y me dice toda tímida: perdona, ¿os puedo hacer una foto?
Claro, imaginad mi cara de sorpresa ante aquella insólita pregunta, y la pobre empezó a explicarse.
-Jo, es que es una imagen tan tierna... no suele ser lo habitual, y aún hay mucha gente retrógrada que lo ve como algún tipo de exibicionismo.
Entonces, abrió su bolso y me entregó su tarjeta. Trabajaba para un periódico local, de estos gratuítos que reparten por la calle o te dejan en el buzón de casa. Y prosiguió (ante mi mirada aún perpleja):
-Me gustaría publicar una foto vuestra para mostrar a todos los cántabros que dar el pecho es una cosa absolutamente natural, y de paso a ver si se animan las demás mamás.
Así que claro, la dije que si! con la vergüenza que pasé y ahora vamos a salir en el periódico!! algo que mi pequeña podrá ver cuando sea mayor, que su mamá, orgullosa de la lactancia, mostró a todo santander que es el acto más bello y más puro entre una madre y un hijo, y que los que lo ven con otros ojos, es porque tienen algún tipo de trauma infantil o extraña perversión.
Le pese a quien le pese, mi opinión no pretende ofender a nadie. Solo revindico mis derechos (y los de todas las madres) a prácticar la lactancia materna de una forma sana y natural allí donde se encuentren, sin miradas, sin prejuicios y sin comentarios ajenos.






